Aunque resulte chocante, añadir una pequeña cantidad de sal puede arreglar la taza si nuestro café es demasiado amargo o concentrado.

De hecho, un estudio científico publicado por la revista Nature ha explicado por qué se produce este efecto. Parece ser, según esta fuente, que los iones de sodio suprimen la amargura y mejoran el sabor del café.

 

Pero, ¿por qué me ha salido un café tan amargo?

Hacer un buen café requiere una buena técnica y ciertos conocimientos. Aunque parezca bastante sencillo, en realidad no lo es tanto. Veamos algunas razones por las que puede verse alterado el sabor de nuestro ansiado café:

  • Una causa que pueden dar sabor amargo al café es utilizar una cafetera que no esté bien limpia. Pero tranquil@s, que en una próxima publicación os enseñaremos cómo limpiar correctamente los principales métodos usados en casa.
  • Otro motivo lo podemos encontrar en la molienda del grano. Es importante emplear un tipo de molienda adecuado al método de preparación que vamos a utilizar. Por ello, en Café Raizal siempre molemos el grano en función de vuestras necesidades!!
  • Por último, el café puede quedarnos demasiado amargo si lo dejamos en infusión más tiempo del debido. Hay que tener especial cuidado con esto si utilizamos métodos de émbolo como la prensa francesa.

 

¿Cuáles son las principales diferencias entre añadir azúcar o sal a mi café?

El uso de la sal en lugar del azúcar supone ventajas reseñables, ya que la primera no añade calorías a nuestra taza, al contrario que ocurre con la leche o el azúcar.

Además, en contra de lo que popularmente se cree, el azúcar no contrarresta el sabor amargo del café, sino que lo modifica considerablemente. Con la sal, en cambio, ocurre lo contrario.

¡Pero ojo! La cantidad de sal que debes añadir es muy pequeña.

 

El origen de la leyenda de Kaldi

Terminamos esta publicación haciendo mención a una de las leyendas más extendidas sobre el origen del café, en la que ya aparece el uso de la sal en relación al mismo.

Según esta leyenda, un pastor de Etiopía llamado Kaldi decidió llevar a un monasterio unos frutos rojos, tras observar que sus cabras tenían un comportamiento más enérgico del habitual, después de su ingesta. Los monjes hicieron una infusión con estas bayas, tras comprobar su mal sabor, y las arrojaron al fuego. Los granos fueron desprendiendo un agradable aroma a medida que se tostaban. Por ello, los monjes decidieron sacar los granos del fuego y volver a someterlos al agua caliente con sal. Y así, según la leyenda, surgió la primera taza de café de la historia.

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